martes, octubre 17, 2006

Tatú Carreta


Se ha presentado el caso de la desaparición de tatús que residían cerca de asentamientos humanos, probablemente perturbado por los disturbios generados por los asentamientos. Es perseguido por los cazadores para consumir la carne. Se lo captura para llevarlo a los zoológicos, museos, coleccionistas, o bien para ocupar el caparazón como caja de resonancia .
El tatú carreta es el más grande de los armadillos que aún viven. Mide alrededor de 1,5 metros de longitud, desde el hocico a la punta de la cola y suele pesar 60 kilos. Tiene un caparazón oscuro, formado por numerosas placas ordenadas en filas transversales, que llegan a cubrir también la cola, las más pequeñas están en la cola y en las patas. La coloración general es parda. siendo amarillento en los flancos. Muestra un cuerpo voluminoso y cortas extremidades, muy musculosas, con uñas potentes y algo desproporcionadas con el resto de su pesado cuerpo, especialmente en sus extremidades anteriores. El hocico es alargado y las orejas no son muy grandes.
Alimentación
Es un animal solitario y para alimentarse tiene hábitos nocturnos. Hace recorridas cotidianas de casi 3.000 metros buscando su alimento favorito: invertebrados como hormigas, termes, arañas, gusanos y larvas, que obtiene destrozando hormigueros y termiteros o desmembrando troncos podridos. Su dieta se completa con carroña, culebras y vegetales.
Se lo encuentra en la mayor parte del este de América del sur, desde el sudeste de Venezuela y las Guayanas, hasta el noreste de la Argentina. En nuestro país habita en Misiones, Formosa, Santiago del Estero, Chaco y tal vez Corrientes. Busca terrenos áridos, con arbustos, montes, bosques en galería, bosques xerófilos, selvas y sobre todo sabanas donde la aparición del hombre se haya retrasado.

miércoles, octubre 04, 2006

Tráfico de especies

El tráfico de la flora y la fauna se ha convertido en uno de los emprendimientos económicos más redituables y figura en el mundo en tercer lugar luego del de armas y de las drogas. El de la fauna mueve alrededor de 10.000 millones de dólares anuales y la flora, está superando los 7.000 millones. A estas cifras habría que sumarle el tráfico clandestino... Cada año se consumen en el mundo entre 600 y 900 toneladas de marfil, que se obtienen de unos 150.000 colmillos de elefantes adultos. En 1990, el comercio de marfil se prohibió internacionalmente. Según el CITES, el tratado mundial que regula el comercio de especies protege a las que están en peligro de extinción, la población de elefantes africanos se redujo de 1,3 millones de ejemplares a poco más de 600.000, durante la década del ochenta. Otra década similar bastaría para provocar la extinción de la especie. Pero no es este el único caso. Según los datos de las organizaciones TRAFFIC y WWF, cada año se comercia ilegalmente con primates, ave, pieles de reptil y de mamíferos, orquídeas, cactus y peces exóticos. Su destino son EEUU, Europa, Japón y parte del sudeste asiático. Y los usos que se les dan son tan variados como la peletería de lujo (una piel de pantera siberiana alcanza los 100.000 dólares en el mercado negro), ornamentos, productos pretendidamente afrodisíacos y, en algunos casos, animales de compañia o plantas para jardines. A causa de este comercio ilegal, unas 700 especies se encuentran al borde de la extinción. Pero, además, otras 2.300 especies animales y 24.000 vegetales están amenazadas.